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En la obra encontramos la superficialidad y la frivolidad de Adina, el descaro y la vulgaridad del sargento Belcore, en el vendedor charlatán Dulcamara —arquetipo del embaucador que va de pueblo en pueblo, y que se ha visto hasta en los westerns— encontramos la astucia, el aprovechamiento y la mala fe ocultados tras una gran simpatía. El elixir de amor sería un muestrario de vicios y defectos, si no fuese gracias a la presencia de Nemorino, el campesino sencillo e ingenuo, capaz de vivir los grandes sentimientos que otros desconocen. Nemorino, simplemente, ama. El elixir de amor |



