Dic 13

¿Para qué sirve la poesía?… Otro siglo después

Por Carelsy Falcón Calzadila
Publicado en la revista El Mar y la Montaña, No. 3, Año 2014.


 

“¿Y para qué sirve la Poesía?, ¿y para qué poetas?”, se preguntaba en un extenso ensayo Heidegger en 1930. Indudablemente muchas cosas han cambiado desde entonces, pero otras, al parecer, se mantienen inalterables; y es que discutir la utilidad del arte en tiempos de “indigencia ética” no es privativo de nuestra contemporaneidad.

El arte y sus expresiones siempre han sido muy cuestionados pero, sospechosamente, detrás siempre han estado criterios economicistas y hasta ideológicos.

Ahora, en nuestro tiempo, el cuestionamiento viene disfrazado de la frase lapidaria “la poesía no se vende”…; y comenzamos a articular una política también concisa, sumaria: evitar o esconder los libros de poesía, ponerlos a reñir con la literatura para niños y jóvenes o infantil —como persisten en llamarla algunos-; hacerle la guerra al poeta.

Nuestro trabajo de selección se hace más simple, mecánico y, sin embargo, todos evitamos lo que se esconde detrás de esa frase. Porque a estas alturas, luego de siglos y autores dedicados a análisis teóricos y sociológicos del arte y sus manifestaciones, debemos coincidir en que si la poesía no se vende o consume responde al mismo efecto de por qué se prefiere la música con armonizaciones simples y letras de bajo vuelo, o que las galerías de arte y museos sean poco frecuentados.

Detrás de esa frase está nuestra derrota como promotores, nuestra renuncia a aquella otra que, pronunciada por Abel Prieto, me corroboró algo sabido: “el gusto se condiciona, se moldea”. Está nuestra derrota como intelectuales adscritos a un proyecto social que pretende superar al ser humano.

La poesía no se vende y…, detrás, están los padres que no trasmiten la poesía a sus hijos, que ya no les cuentan historias antes de dormir, que han renunciado a los juegos de relaciones, suplantados por otros fríos, distantes.

La poesía no se vende y…, están los maestros que jamás se han leído un libro, los maestros que te llenan de normas frías, los maestros que instruyen pero no educan, porque esa “asignatura” no se las miden los metodólogos.

Que la poesía no se venda es la capitulación de los poetas que no logran dialogar con sus lectores, y también es la ruptura de un sistema que no los acerca a sus públicos o, no crea públicos para ellos.

Que la poesía  no se venda es nuestro fracaso como profesionales de una industria que no debe pensarse en blanco y negro: que favorece a autores y sobrestima o subestima a sus públicos; que no articula junto a otras instituciones socioculturales (escuelas, universidades, medios audiovisuales, de difusión masiva…) políticas sistémicas, orgánicas, coherentes, computables; políticas que formen públicos, que configuren lectores.

En el ensayo del pasado siglo y para justificar su filiación con la poesía decía Heidegger:

Forma parte de la esencia del poeta que en semejante era es verdaderamente poeta el que, a partir de la penuria de los tiempos, la poesía y el oficio y vocación del poeta se conviertan en cuestiones poéticas. Es por eso por lo que los ‘poetas en tiempos de penuria’ deben decir expresa y poéticamente la esencia de la poesía. Donde ocurre esto se puede presumir una poesía que se acomoda al destino de la era. Nosotros, los demás, debemos aprender a escuchar el decir de estos poetas…

Sus palabras parecen nacidas en medio de nuestros debates modernos. Y es que la indigencia, la anomia que vive nuestra era, hace florecer las viejas cuestiones de la pertinencia de lo poético, pero también nos hace preguntarnos por los poetas de este tiempo, por los soportes, medios, en que concretan y encausan sus creaciones.

Coincido, junto a Fina, que “señalar fines a la poesía, por elevados que éstos sean, es no comprender que el poeta ha de vivir dentro de ella como dentro de algo que lo excede y no que él maneja a su gusto”. Sabia reflexión que nos alumbra que la utilidad de la poesía hay que buscarla en cualquier sitio, excepto en la monetaria.

Ojala y aunque del pasado siglo, estas reflexiones nos ayuden a meditar sobre las inquietantes estadísticas económicas y veamos en ellas otras lecturas que, más allá, nos advierten la necesidad de los libros poéticos y de los poetas, no como adalides contra la crisis de valores, sino, para que nos enseñen a vivir la poesía, a vivir poéticamente lo cotidiano, a limar esas arideces con las que nos han convertido en cifras frías que no entienden de metáforas.

Hasta pronto.


Espacio para promocionar arte: Obras de Boti

Morando Saltadero. (acuarela, sin año)

Morando el Saltadero. Acuarela de Regino E. Boti, año desconocido.

autocaricatura-boti(dibujo 1911)

Autocaricatura de Regino E. Boti. Dibujo, 1911.

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8 comentarios

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    • Legna on 15 diciembre, 2015 at 4:10 pm
    • Responder

    Buen tema, me parece interesante, con tantas carencias materiales las personas han
    olvidado alimentar de igual forma el espíritu. Felicidades por tan bonita labor,
    sigan trabajando en ello, que son muchos los que agradecemos.

    Saludos,

    1. Hola Legna:-)

      Espero que te impresione el blog luego que lo tengamos a toda marcha.

      Saludos;-)

    • Leticia Marce Martel on 16 diciembre, 2015 at 8:18 pm
    • Responder

    Excelente reflexión. Desde la casa y en las escuelas, nos toca a los padres y maestros fomentar el gusto por lo que llena al alma y da deseos de una mejora continúa. Lástima que en la gran mayoría no se así. También trasmito las felicidades. Y le toca a todos los medios de comunicación y cultura fomentarlo realmente y no de congresos en congresos. AYUDEMOS A VER CON EL CORAZÓN, Y A VER NUESTROS COLORES CON LA LIMPIEZA QUE REALMENTE TIENEN.

    Saludos

    1. Hola Leticia:-)

      Espero que con esta familia de blog que está naciendo en Reflejos desde Guantánamo, propiciemos esa ayuda.

      Gracias por opinar.

      Saludos;-)

  1. Hola:-)

    La poesía no se vende y…, están los maestros que jamás se han leído un libro, los maestros que te llenan de normas frías, los maestros que instruyen pero no educan, porque esa “asignatura” no se las miden los metodólogos.

    En enero de 2015, en ocasión de conmemorarse el 162 aniversario del natalicio de nuestro Héroe Nacional, en un noticiero juvenil de la televisión, adolescentes exaltaban la obra de María de Mendive, el maestro del Maestro, cuando bien ponderaban en el desarrollo de las personalidades de sus pupilos, las lecturas de poesías que les hacía Mendive. Por minutos, quedé nostálgico, añorando una infancia escolar parecida a la de Martí; porque quizás, ahora yo sería un hombre mejor. Desde entonces mi añoranza radica en que mi pequeño hijo, con su incorrecta dicción —no sé el porqué—, pueda tener a tiempo maestros como Rafael María de Mendive, que en algún momento de sus largas jornadas en la escuela, le lean poesía: romántica, épica. Por esto, “Para Arreglar el Mundo” y “Desde Guantánamo…” pienso que deben obrar.

    Saludos;-)
    http://elioantonio.cubava.cu

    • Carelsy on 21 diciembre, 2015 at 2:05 pm
    • Responder

    Gracias por las reflexiones sobre mis palabras, son cuestiones que me quitan el sueño, me molesta ahora el inmovilismo que hay sobre estas cuestiones, siento que hay mucho blablabla, pero no veo que se instauren políticas concretas, medibles… que nos ayuden a superarnos espiritualmente

    1. Hola muñeca:-)

      Al igual que tú, a mi también me ha quitado el sueño ese inmovilismo, solo que yo acumulo más horas de insomnio pues los años vividos son más; por eso considero que nuestra filántropía, especialmente hacia los de nuestra geografía inmediata, es un loable esfuerzo contra el bla, bla, bla.

      Saludos;-)

    • lajugada.cubava.cu on 8 enero, 2016 at 2:37 pm
    • Responder

    sigue sigue escribiendo!

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